https://youtu.be/YbB4KpFqhEU ***LA VICTORIA DE ALEGRIA SOBRE TRISTEZA EN LA GUERRA POR EL HOMBRE*** del libro -en hebreo, en vía de traducción- "Los círculos de alegría de Dási" de David ben-Ioséf z"l traduce y narra rav daniEl israEl Ginerman, con amor Treinta años de su vida invirtió el doctor Rosenberg en la investigación del cáncer. Lo que encendió su curiosidad, y su anhelo imparable de abalanzarse sobre el desafío imponente de investigar el cáncer, fue un encuentro que tuvo con un enfermo de cáncer completamente inusual. Un verdadero "jasíd", hombre de piedad, lleno de alegría de vivir. El enfermo se llamaba D'angelo. Mas, yo prefiero apodarlo: "Alegría". Alegría llegó a la sala de emergencias del hospital con fuertes dolores de barriga. Doctor Rosenberg lo revisa, y descubre en él dos cosas. La primera, una infección grave en la vesícula. La segunda: alegría. Algo más descubre doctor Rosenberg en Alegría: una cicatriz en la barriga, producto de una operación previa. "¿Qué es esta cicatriz?", pregunta el doctor, y recibe una respuesta que no está preparado para digerir. "Hace doce años, tenía un tumor maligno. Los doctores me abrieron la barriga y vieron que el cáncer se había expandido ya a varios órganos vitales, y no había modo de extirparlo sin matarme en el intento. Los médicos prefirieron cerrar lo que habían abierto, y enviarme a casa a morir tranquilo. Pero... yo no tenía el más mínimo deseo de morir. Sólo tenía un vivísimo deseo de vivir". Doctor Rosenberg se dice a sí mismo que este relato no puede ser verdad. Decide revisar el tema aprovechando la operación de la vesícula que está a punto de realizar. En el historial clínico de Alegría encuentra los diagnósticos de hace doce años, que coinciden con lo que el paciente le acaba de relatar. Cuenta doctor Rosenberg: "Busqué un tumor; no hallé el más mínimo rastro. Me parecía increíble. Continué buscando en todo el espacio de la panza, detrás del hígado, debajo de los intestinos. Metí mis dedos en cada rincón con esperanza de hallar siquiera huellas de aquel tumor maligno. No encontré nada. Ese hombre debía haber muerto hace doce años, de acuerdo a lo anotado en su historia clínica, y de acuerdo a lo que se ve en sus radiografías de entonces. Este hombre no recibió de nosotros ningún tratamiento, y tampoco lo recibió de nadie más. ¿Cuál es su secreto? ¿Qué es lo que este hombre sabe acerca del cáncer que yo, el científico especialista, ignoro por completo?". Doctor Rosenberg se siente amenazado. Siente que el hombre que está operando ahora mismo, desafía su prestigio. Desafía su fe en su ciencia y en sí mismo. Empieza a perderse a sí mismo. Doctor Rosenberg se enfrenta entonces a la pregunta a la que se enfrenta todo hombre, cada día, cada hora, cada instante: "¿Quién está al mando? ¿La realidad me controla a mí, o yo la controlo a ella?". Doctor Rosenberg deja de dudar, de flaquear, comienza a reponerse. Deja de ensombrecerse. Comienza a atreverse, a tornar la amenaza en desafío. Doctor Rosenberg decide que él debe descubrir el secreto de Alegría. Y entonces sale a un camino de búsqueda e investigación, en el que invertirá billones de dólares. No millones, sino billones. Sale a un camino de búsqueda en que invertirá los mejores años de su vida, incluyendo noches, sábados y festividades. En la cabeza de doctor Rosenberg comienzan a surgir pensamientos de herejía. Herejía en las certezas sólidas del establishment científico. Hasta ahora, halló la ciencia tres caminos para luchar contra el cáncer: extirpación, quimioterapia, y radioterapia. Doctor Rosenberg tiene la sensación de que la ciencia busca la moneda que se le perdió debajo del farol, sólo porque es allí donde hay luz. Y doctor Rosenberg siente que, en realidad, es Alegría quien tiene la moneda. Allí es donde irá a buscarla. La ciencia no cree que el sistema inmunitario tenga capacidad de aportar algo a la eliminación de las células cancerosas. Doctor Rosenberg ha perdido la fe en la ortodoxia científica. Ha hallado una fe nueva. Una fe en que el sistema inmunitario guarda algún secreto misterioso, que los científicos no tienen capacidad de descubrir y revelar en sus microscopios. Doctor Rosenberg sabe que ahora va a quedarse solo, completamente solo. Como Avrahám el hebreo: todo el mundo en una orilla, y doctor Rosenberg en la otra orilla. Decide hacer una prueba empírica para probar su nueva fe. En el hospital, se halla internado un hombre enfermo de cáncer, de esa enfermedad a que yo prefiero llamar "tristeza", en estado muy avanzado. Me permitiré entonces apodar a este paciente con el nombre de su enfermedad: "Tristeza". Dice doctor Rosenberg: "Pensé que, acaso, si transfiero una buena porción de sangre del hombre apodado Alegría al hombre apodado Tristeza, voy a lograr transferirle también ese algo misterioso que ayudó a Alegría a sanarse. Pregunté a Alegría si está de acuerdo en donar una porción de sangre para un enfermo de cáncer. Alegría soltó una carcajada y dijo estar contento de la oportunidad de salvar a otro hombre con su sangre. Me dirigí a Tristeza, y le pregunté si está dispuesto a recibir sangre de un hombre que se curó de cáncer. Tristeza, sonrió tristemente, y dijo estar de acuerdo. No tiene nada que perder. Dos meses después de la transferencia de sangre murió Tristeza, de tristeza. Alegría se recuperó prontamente de su operación, y volvió a su casa alegre y de buen talante. En los análisis de laboratorio, descubrí en la sangre de Alegría una enorme cantidad de linfocitos". #revisar_todos_los_cuentos #AbracaAdabra
from Daniel Israel Ginerman דניאל ישראל גינרמן https://youtu.be/YbB4KpFqhEU
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